ES UN HOMBRE YA, QUIEN ESTÁ EN CAMINO DE SERLO (*)

 
Benedicto Vidal Ruiz (**)

Conferencia expuesta en la ciudad de Concepción (Chile) el 13 de Noviembre de 2008, en el Aula Magna de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, con motivo de las VIII Jornadas de Filosofía “Ciencia, tecnología y su contribución a desarrollo humano”

 

 

 

SALUDOS PROTOCOLARES,

 

Excelentísimas autoridades eclesiásticas y académicas de la Universidad Católica de la Santísima Concepción,

Estimados profesores y alumnos de esta casa de estudios,

Respetados asistentes a estas VIII Jornadas de Filosofía: “Ciencia, tecnología y su contribución al desarrollo humano”,

 

Agradezco a Dios y a la Santísima Virgen, la posibilidad de estar por segundo año consecutivo, compartiendo estas reflexiones con Uds.

 

 

INTRODUCCIÓN

Esta ponencia lleva como título: ES UN HOMBRE YA, QUIEN ESTÁ EN CAMINO DE SERLO, tal encabezado como UDS. sabrán no es de mi invención, sino que es una sentencia de Tertuliano contenida en su obra “APOLOGÍA”, y que fue citada también en el documento Declaración contra el aborto de 1974, por la Sagrada Congregación para la doctrina de la fe”.

En (Tertuliano, Apologeticum, IX, 8 (PL I, 371-372; Corp. Chris. I, p. 103, 1, 31-36). Nos indica que: “No se diferencia matar al que ya nació y desbaratar al que se apareja para nacer, que también es hombre el que lo comienza á ser como fruto de aquella semilla” (…) "es un homicidio anticipado el impedir el nacimiento; poco importa que se suprima la vida ya nacida o que se la haga desaparecer al nacer. Es ya un hombre aquel que está en camino de serlo"

En esta exposición, se pretenderá reflexionar en general sobre el concepto persona humana, ciencia y tecnología, destacando en esta reflexión tres argumentos centrales:

 

  1. En general sobre los problemas fundamentalmente éticos, que se entrecruzan entre las disciplinas de la ciencia, teología y filosofía, entendiendo en el centro de su interés a la persona humana y su empeño por acercarse más perfectamente a la verdad trascendente de Cristo.
  1. Sobre la base de la filosofía de la persona de santo Tomás de Aquino, destacaremos sus notas fundamentales y su inalienable dignidad, para concluir que es la creación más perfecta en el Universo.
  2. Por último, se presentará como conclusión la gran tarea del pensamiento filosófico cristiano actual: el problema del aborto. Las razones que se expondrán para concluir esta ponencia, serán de orden metafísico, moral y las enseñanzas del magisterio de la Iglesia.

 

 

PRIMER ARGUMENTO

 

Ya desde el renacimiento, los hombres trataron de idear una doctrina autónomamente humana, tan amplia como la teología, para no tener justamente que acatar normas y valores que les imponía una autoridad espiritual. La filosofía moderna, empleó todo su orgullo en ser el instrumento de la dirección, explicación y revelación del contenido de la razón, en cuanto imagen refleja de la verdad de las cosas y la recta conducción de la vida (moral). Es así, como el pensamiento de la época moderna, comenzó a construir el edificio de las ciencias.

 

La ciencia se orienta hacia una verdad particular de la realidad, sin embargo es indispensable que esta sea un medio para la consecución de una verdad trascendente; que tenga en el centro de la reflexión el irrestricto respeto por la naturaleza de la persona humana, para que la verdad científica, sea efectivamente un bien real para la razón: una operación espiritual de excelencia, luego la ciencia y la tecnología logren transformarse en una contribución al desarrollo humano.

 

Un par de siglos más adelante, filósofos y sociólogos comenzaban a explicar ahora, la crisis de la razón. Entre ellos el alemán Max Horkheimer, en su CRÍTICA DE LA RAZÓN INSTRUMENTAL, indicaba que: “(…) el pensamiento llegado a cierta etapa, o bien a perdido la facultad de concebir en general una objetividad semejante, o bien comenzó a combatirla como una ilusión”. Si la concepción subjetivista de la razón es fundada y válida, entonces el pensar no sirve para determinar si un objeto es de por sí deseable. Luego, todos los principios éticos universales y decisiones últimas, llegan a depender de otros factores que no son la razón. Han de ser asunto de estimaciones, afectos, emociones e imaginación; luego, pierde sentido hablar de la verdad, cuando se trata de cuestiones morales, de conocimiento práctico o estético.

La ciencia es un saber parcial y particular de la realidad. Una  profundización y especificidad en ésta, determina generalmente su complejidad; y el excesivo optimismo en ellas, puede llegar a formar peligrosos especialistas. Entonces, resulta iluso reflexionar y plantearse metas de desarrollo científico y tecnológico, desvinculando la parte del todo, en definitiva de la naturaleza. Este desarrollo, debe ser recogido por una filosofía de las ciencias con vocación realista y trascendente para una contribución al desarrollo humano.  

Toda ciencia es directa o indirectamente antropológica; de ahí, que la vida humana no puede quedar sujeta a la pericia o técnicas de terceros, o del deseo de los padres -por muy legítimo que sea- pues tal deseo no puede constituir un derecho, ya que no es suyo (ni justo en su sentido más propio) el derecho de producir o terminar con una vida humana, puesto que ésta, por indefensa o joven que sea, no es propiedad de los padres.

Tampoco es a la ciencia, o a la técnica a quienes les corresponde emitir juicios decisivos sobre aspectos absolutamente filosóficos y morales. Éstas, no pueden orientar por sí mismas el sentido de la existencia humana; pues, necesariamente ambas están ordenadas a servir al hombre, y es en este donde tienen su origen y no al revés -y menos aún entonces- pueden ir en contra de lo más esencial y más suyo del ser humano: su propia vida.

 

SEGUNDO ARGUMENTO

 

Entendemos el valor de la vida, como un valor primordial que es necesario proteger y promover; irrenunciable y absoluto (1), puesto que no se puede entender a la persona humana, si no es desde la vida. La persona se constituye en su propia vida y ésta se transforma en algo inseparable de él, puesto que sin ella no podría seguir siendo persona. El valor de la vida, es así supremo y todos los demás valores deben estar por fuerza del sentido común supeditados a él, ya que en la práctica ninguno de ellos vale sino se está vivo. Cuando decimos que la vida es irrenunciable, la entendemos como don y como gracia y no como azar o casualidad; por eso no se puede renunciar a él, ya que renuncio a su vez, a todo lo que soy en tanto persona creada.

 

La persona humana no tiene nada más propio, ni nada más suyo –entendido este suyo, como justicia de virtud cardinal- que su propia vida, por lo tanto arrebatársela a un ser inocente e indefenso, se constituye en una injusticia y en la más reprochable de las faltas morales. Por otro lado, a ninguna institución política se la ha dado la vida como una propiedad, (por lo que en justicia tampoco tiene derecho de arrebatarla) debido a que no es el reconocimiento por parte de otros lo que constituye el derecho y el valor fundamental de la vida, sino que vale por sí misma, y es anterior y superior al deseo o los intereses del reconocimiento de otros, de las instituciones o del Estado.

 

El ser humano es persona porque tiene dignidad; y entendemos la dignidad, en general, como lo adecuado, conveniente o conforme a algo. Tiene que ver, por tanto, con la justicia; pero el término digno indica además para la persona una cierta excelencia, superioridad y nobleza. Pero aquí no se agota, pues para hablar de la dignidad de la persona, es necesario abordarla desde una perspectiva ontológica. Por esto, es que el vocablo “alguien”, sólo lo referimos a las personas. La naturaleza espiritual del hombre, que le confiere la capacidad de conocer la verdad, actuar libremente y amar, es la raíz última de la especialísima dignidad del ser humano. Esta dignidad, por tanto, es inalienable y viene dada por el hecho de ser persona y no en virtud de ser una persona con tales o cuales características. La primera fuente de la dignidad es, entonces, su propia naturaleza: se es digno porque se es lo que se es.

 

Características de la Persona humana             

 

A) La irrepetible singularidad: Los seres humanos, por ser personas, son radicalmente irreemplazables y sí mismos, porque a causa de su libertad que les es inherente, no pueden existir dos personas iguales.

B) La Apertura: De aquí decimos que está abierta a la Verdad y al Bien. Principalmente, su apertura es para con otras personas. Es, por lo mismo, “capax Dei” (capaz de Dios) y de ahí le viene su trascendencia y su capacidad de amar.

C) La Intimidad: La persona humana es un quién, una “identidad e intimidad única, un yo interior irrepetible”. Cada persona es algo único, irreductible a cualquier otra cosa. Nadie más, es la persona que yo soy. Esta interioridad es de tal modo profunda, que ni la persona misma puede conocer todo el universo que es como persona. (Dios es más íntimo a la persona que la persona misma) Podemos indicar entonces, en los términos expresados por SANTO TOMAS DE AQUINO, que la persona humana la creación más perfecta y digna del Universo.

 

TERCER ARGUMENTO

Dicho todo lo anterior, el valor de la vida, se transforma en un absoluto incuestionable desde el momento de la concepción, puesto que todo lo que la persona humana pueda realizar en tanto proyecto de vida, va a depender de que el valor de la vida sea supremo; así será un parámetro para elegir correctamente los medios para la consecución de su respeto. El hecho de no aceptar de que se es persona desde el momento de la concepción, abre inexorablemente la puerta a que los argumentos pro–aborto establezcan límites al ser persona a niveles insospechados, donde la realidad supera la ficción más macabra. En esta lógica, las personas deberían tener ciertas características y requisitos les que permitan “calificar” para ser personas.

 

Para terminar este tercer argumento y concluir, indicaré 13 razones por la cuales se hace moralmente reprochable el atentado a la vida y la dignidad humana, haciendo cargo a la reflexión filosófica de esta cuestión, en tanto saber autorizado en la reflexión moral,

 

  1. Todo ser que se mueve a sí mismo, que posee automoción, lo hace porque tiene un principio vital que se lo permite, el cual desde la tradición aristotélico-tomista, se ha llamado alma, y en el hombre, este grado de vida es el más perfecto: el alma humana (intelectiva o racional), la que organiza la materia corporal y sus facultades, tiene desde entonces la persona su ser, y su perfección en potencia.

 

  1. Se es persona humana desde la concepción hasta su muerte natural, y por tanto merece el respeto más absoluto durante todo este período vital, ya que no se es persona “por el camino”, o cumpliendo ciertos requisitos que lo acrediten. (…) Es un hombre ya, quien está en camino de serlo (2). Se es o no se es persona, no hay estadios intermedios. No existen estadios pre-humanos, sino que como bien se sabe, etapas del desarrollo evolutivo del ser humano, que es siempre uno y el mismo en lo esencial (3)

 

  1. Si el valor de la vida no es absoluto, la persona humana entonces no es, pues toda vida humana y su dignidad le son esenciales. Hoy somos personas, porque desde el momento de la concepción está inscrito en nuestro ser que somos personas humanas, y no es una condición que se adquiere “por el camino”, tal como no adquiriremos tampoco, la forma de pez, ratón o simio.

 

  1. Desde que se produce la fecundación, surge un nuevo ser humano, original,  distinto de todos los que han existido, existen y existirán. En ese momento, se inicia un proceso vital esencialmente nuevo y diferente, que tiene ya esperanza de vida en plenitud. Se forma el nuevo patrimonio genético y existe un ser humano al que sólo le hace falta continuar desarrollándose, para convertirse en adulto. En él no hay saltos cualitativos, sino la progresiva realización de su destino personal. Todo intento entonces, de distinguir entre la dignidad y el valor de la vida del no nacido y el nacido por lo tanto, carece de fundamento. 

 

  1. No tiene sentido decir que un niño proviene de un feto, sino que él mismo fue antes un feto. Del mismo modo que un adulto no proviene de un niño, sino que antes fue niño, y siempre es el mismo ser humano. Y tan absurdo sería defender la idea que el feto o el embrión no es un ser humano porque no tiene aspecto de niño, como suponer que el niño no es un ser humano porque no tiene el aspecto externo del adulto. (4)

 

  1. “El Embrión no es nunca nadie, es siempre alguien (5). Tampoco es “algo” (una cosa), pues a “algo” lo puedo desear y a la vez desechar, como un útil que me sirve para alcanzar un fin y me da derecho para desecharlo cuando ya no sea útil para alcanzarlo. La persona humana está lejos de ser tal, ya que es fin en sí misma.
  2. En el origen de cada persona hay un acto creativo de Dios; es siempre el término del amor Creador de Dios (6). Es un acto emanado de la sabiduría divina. No puede, entonces, ningún hombre existir por casualidad o azar, puesto que hay en Dios la intención absolutamente libre de crear y llevar a la perfección de la existencia a una determinada persona humana.

 

  1. Dentro de la terminología usada por ideologías anti–vida, se ha instalado un léxico propio, divulgado en la opinión pública, que pretende esconder las verdaderas intenciones que motivan a algunos, a extender y socializar este léxico. Entre los términos usados, se encuentran algunos más sofisticados que otros, pero todos tienen una raíz común, un lenguaje velado para una cultura de la muerte. Entre sus términos encontramos: Salud reproductiva, bajar el índice de mortalidad materna, planificación familiar estatal, efecto antianidatorio, pre-embrión, anticoncepción post-coito, anticonceptivos de emergencia, métodos de barrera, tejido embrionario, cúmulo de células autónomas, limpieza uterina e hijo no deseado. Quedémonos en este último concepto.

 

  1. La filosofía tomista, entiende a la voluntad como el apetito racional, la potencia o la facultad que permite al hombre, en razón de su objeto formal: querer, desear o apetecer un bien conocido por la razón. Indicaremos dos razones por lo cual es un error hablar de hijos no deseados, porque:

 

a)      Los hijos no se pueden desear pues no son objetos que luego se puedan desechar o que los padres tengan derechos sobre aquello deseado.

b)      Cuando se dice no deseados se cae en el error, de omisión, pues si una vida existe es porque Dios la ha deseado, y es la existencia es la actualización de todos los actos y la perfección de todas las perfecciones, en tanto que la Voluntad divina ha deseado algo perfecto en cuando ser: la vida ¿Quién es el hombre para rechazar lo que Dios ha deseado?

 

  1. La violación es una circunstancia terrible, ajena a la voluntad de la víctima, pero que no puede llegar a determina el valor de la vida humana del ser concebido, y menos aún, determina la dignidad de la persona humana.
  2. La procreación humana trasciende con creces, el hecho meramente biológico para situarse en una realidad de orden espiritual, que involucra a un hombre y una mujer. Por eso, un hijo no puede ser considerado como un producto que se puede desechar o adquirir según lo permitan los avances de la ciencia (…)“La dignidad de cada ser humano lleva grabada la exigencia de que sea procreado y no producido” (7)

 

  1. El hecho que en una determinada fase de su vida, el hijo necesite el ambiente del vientre materno para subsistir,  no implica que sea una parte de la madre. La persona humana, desde la fecundación tiene ya su propio patrimonio y sistema inmunológico genético distinto al de la madre. El no–nato que se encuentra en el claustro de la madre, mantiene una relación similar a la de un pasajero de avión con el avión: si el pasajero saliera moriría, pero no por estar dentro es parte del avión. El hijo es un ser por completo distinto de su madre, que se desarrolla y reacciona por su cuenta, aunque la dependencia de su madre sea muy intensa -dependencia que, por cierto, continúa mucho tiempo después del nacimiento-. Ni siquiera forman parte del cuerpo de la madre la placenta, el cordón umbilical o el líquido amniótico, sino que estos órganos los ha generado el hijo, desde su etapa de cigoto, porque le son necesarios para sus primeras fases de desarrollo, y los abandona al nacer, de modo semejante a como, varios años después del nacimiento, abandona los dientes de leche cuando ya no le son útiles para seguir creciendo. Por tanto, pretender hacer creer que el hijo forma parte del cuerpo de la madre, carece de fundamento. De allí, que la madre moralmente no tiene la libertad de decidir el destino del su propio hijo, en cuanto a la vida o la muerte, sin estar cometiendo un asesinato.

 

  1. El misterio de la vida es racionalmente impenetrable, distinto del problema (8) y necios serán nuestros de tratar de ponerle limitarlo y condicionarlo. Los límites impuestos por ideologías relativistas y la cultura de la muerte, son ilusiones y falacias ante esencialidad misteriosa de la vida humana.

 

 

 

Muchas Gracias

 

NOTAS Y CITAS BIBLIOGRÁFICAS

 

(*) El nombre de esta reflexión, pertenece a la sentencia indicada por Tertuliano en Apologeticum. Esta obra fue escrita en Roma, el año doscientos de nuestra era, contra los gentiles en defensa de los cristianos.

 

(**) Profesor de Filosofía, Licenciado en Educación (Universidad de Concepción), Master en Asesoramiento, Orientación, Mediación e Intervención Familiar (Universidad de Santiago de Compostela), Diplomado en Filosofía tomista (Universidad Santo Tomás), Director de Formación General Instituciones de Educación Superior de Santo Tomás en los Ángeles (Chile), Director ad honorem del Instituto BERIT de la Familia Santo Tomás.

 

__________________________

 

(1) Declaración contra el aborto”, Sagrada Congregación para la Doctrina de la fe, 18 de Noviembre de 1974 (Nota Bibliográfica 15). Las declaraciones de Pío XII son expresas, precisas y numerosas; requerirían por sí solas un estudio aparte. Citemos solamente, porque formula el principio en toda su universalidad, el discurso a la Unión Médica Italiana San Lucas, del 12/9/44: "Mientras un hombre no sea culpable, su vida es intocable, y es por tanto ilícito cualquier acto que tienda directamente a destruirla, bien sea que tal destrucción se busque como fin, bien sea que se busque como medio para un fin, ya se trate de vida embrionaria, ya de vida camino de su total desarrollo o que haya llegado ya a su término" (Discorsi e radiomessaggi, VI, 183 ss.)

 

(2) Tertuliano, Apologeticum, IX, 8 (PL I, 371-372; Corp. Chris. I, p. 103, 1, 31-36); también en “Declaración contra el aborto”, Sagrada Congregación para la doctrina de la fe, 18 de Noviembre de 1974.

 

(3) Consultada en Roma, el martes, 28 enero 2006 por el periódico virtual Zenit.org. La doctora Anna Giuli, Bióloga molecular y profesora de Bioética en la Facultad de Medicina de la Universidad Católica del Sagrado Corazón (Roma), la doctora Anna Giuli ha publicado un volumen bajo el título «Inicio de la vida humana individual. Bases biológicas e implicaciones bioéticas» («Inizio della vita umana individuale. Basi biologiche e implicazioni bioetiche», (Edizioni ARACNE) Acerca de ¿Cuándo comienza la vida? La académica responde: Un nuevo individuo biológico humano, original respecto a todos los ejemplares de su especie, inicia su ciclo vital en el momento de la penetración del espermatozoide en el ovocito. La fusión de los gametos masculino y femenino (llamada también singamia) marca el paso generacional, esto es, la transición entre los gametos –que pueden considerarse «un puente» entre las generaciones-- y el organismo humano neo-formado. La fusión de los gametos representa un evento crítico de discontinuidad porque marca la constitución de una nueva individualidad biológica, cualitativamente diferente de los gametos que la han generado.
En particular, la entrada del espermatozoide en el ovocito provoca una serie de acontecimientos, estimables desde el punto de vista bioquímico, molecular y morfológico, que inducen la
activación de una nueva célula –el embrión unicelular-- y estimulan la primera cascada de señales del desarrollo embrionario; entre las muchas actividades de esta nueva célula, las más importantes son la organización y la activación del nuevo genoma, que ocurre gracias a la actividad coordinada de los elementos moleculares de origen materno y paterno (fase pro-nuclear
).
El nuevo genoma está, por lo tanto,
ya activo en el estadio pro-nuclear asumiendo de inmediato el control del desarrollo embrionario; ya en el estadio de una sola célula (zigoto) se empieza a establecer cómo sucederá el desarrollo sucesivo del embrión y la primera división del zigoto influye en el destino de cada una de las dos células que se formarán; una célula dará origen a la región de la masa celular interna o embrioblasto (de donde derivarán los tejidos del embrión) y la otra al trofoblasto (de donde derivarán los tejidos involucrados en la nutrición del embrión y del feto). La primera división del zigoto influye, por lo tanto, en el destino de cada célula y, en definitiva, de todos los tejidos del cuerpo. Estas evidencias aclaran que no es posible dejar espacio a la idea de que los embriones precoces sean un «cúmulo indiferenciado de células». Algunos fenómenos, como la posibilidad de formar los gemelos monozigóticos durante las primeras fases del desarrollo embrionario, no anulan la evidencia biológica de la individualidad
establecida en la fusión de los gametos, en todo caso sacan a la luz la capacidad de compensación de eventuales daños o errores en el programa de evolución embrionaria. El embrión humano precoz es un sistema armónico en el que todas las partes potencialmente independientes funcionan juntas para formar un único organismo.

En conclusión, de los datos de la biología hasta hoy disponibles se evidencia que el zigoto o embrión unicelular se constituye como una nueva individualidad biológica ya en la fusión de los dos gametos, momento de ruptura entre la existencia de los gametos y la formación del nuevo individuo humano. Desde la formación del zigoto se asiste a un constante y gradual desarrollo del nuevo organismo humano que evolucionará en el espacio y en el tiempo siguiendo una orientación precisa bajo el control del nuevo genoma ya activo en el estadio pro-nuclear (fase precocísima del embrión unicelular).”

 

(4) ACI Prensa  aciprensa@aciprensa.com. “EL ABORTO", 100 CUESTIONES Y RESPUESTAS SOBRE LA DEFENSA DE LA VIDA HUMANA Y LA ACTITUD DE LOS CATÓLICOS, Conferencia Episcopal Española, Comité para la Defensa de la Vida, Madrid, 25 de marzo de 1991

 

(5) Revista BERIT Internacional, Instituto de la Familia, Universidad Santo Tomás, Año I, N° I, Diciembre de 2003, Pág. 69; “El Embrión no es nunca nadie, es siempre alguien”, Dr. Gianni Bozzato. En el actual debate bioético sobre la identidad y el estatuto del embrión humano, se confrontan principalmente dos tesis opuestas. Una así llamada “católica”, sostiene que el embrión, desde su inicio, es un individuo humano en desarrollo y, por tanto persona (animación inmediata). La otra así llamada “laica” considera al embrión, hasta el decimocuarto día, un simple “cúmulo” de células autónomas e “igualmente totipotentes” que, por ello, pueden desarrollar tanto uno como más individuos gemelos idénticos. A causa de tal incertidumbre es un pre-embrión. Por tanto es un pre-individuo, un sub-individuo; es decir, nadie. En consecuencia no puede ser ciertamente todavía persona (animación retardada). Para la tesis “laica”, el embrión no siendo individuo o no siendo aún persona, no merece un respeto absoluto, como por ejemplo el derecho a la vida, y puede ser sometido a manipulaciones aunque se corra el riesgo de destruirlo (matarlo según la primera tesis). Para la bioética “laica”, por tanto, es lícita la producción de pre-embriones tanto para la adquisición de conocimiento, como para la experimentación con aplicaciones médicas para el así llamado bien de la humanidad, sin excluir la llamada lucha contra el cáncer.

 

(6) Declaración contra el aborto”, Sagrada Congregación para la Doctrina de la fe, 18 de Noviembre de 1974 (Nota Bibliográfica 18) Alocución: “Salutiamo con paterna efusione”, del 9 de diciembre de 1972, 737. Entre los testimonios de esta doctrina inmutable, recuérdese la declaración del santo Oficio que condena el aborto directo (AAS 17, 1884, 556; 22, 1888-1890, 748; DS 3258).

 

(7) Chomalí, Pbro. Fernando, “Dilemas éticos para el siglo XXI”, Centro de Bioética, Pontificia Universidad Católica de Chile

 

(8) Nos referimos aquí a la distinción marceliana entre problema y misterio

 

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