LA FILOSOFÍA ES UN SABER A QUE ATENERSE FRENTE A LA REALIDAD

El título de este artículo no es mío, sino que es una aseveración de José Ortega y Gasset, filosofo español. Sobre la base de ésta trataré de explicar lo siguiente.

La filosofía es una disciplina humana que busca saber a que atenerse frente a la realidad, frente al mundo múltiple y cambiante, por lo tanto ideologías postmodernas como el relativismo y el neopragmatismo liberal norteamericano, son ideologías que no se desprenden de la esencia de la filosofía que pretende conocer la verdad para saber a que atenerse frente al mundo. El relativismo no puede por definición ofrecer una orientación para la conducta de las personas, sino que por el contrario solo es causa de confusión, intolerancia, y paradójicamente dictaduras – tal como lo ha señalado el ex cardenal Joseph Ratzinger, hoy S.S. Benedicto XVI – que se “fundamentan”, sobre la base del absurdo, de lo contingente, de lo subjetivo elevado a criterio absoluto y de lo cambiante. Aceptar el relativismo es aceptar no tener criterios comunes con respecto a lo más esencial de la vida humana: la Verdad y el Bien, reduciendo estos principios fundamentales a posibilidades que pueden ser supeditados a las estimaciones individuales.

La filosofía es una saber a que atenerse frente a la realidad, que nos permite conocer la verdad si es que nuestra razón es usada rectamente. La búsqueda a través de la razón en absoluto tiene un tiene divorcio alguno con la fe, por el contrario, ambas son armónicas y ambas nos llevan a la verdad, pues son “(…) Como las dos alas con que el espíritu humano se eleva a la contemplación de la Verdad” (Fides et Ratio, Juan Pablo II, 1998). La filosofía debe ser una disciplina humanista que permita perfeccionar al hombre y llevarlo a ser lo que él es realmente y no diseccionarlo reconociéndolo como una entidad puramente material, sujeto y supeditado a los cambios económicos, o un ser puramente espiritual. La filosofía es una reflexión acerca del hombre y todo lo que a este le acontece, por lo tanto la filosofía no se queda solo en la observación, sino que presenta la orientación para que éste pueda perfeccionarse y llegar a ser lo que realmente él es, en esto que le acontece al estar vivo, para como diría Santo Tomás de Aquino “Ser tal como Dios nos hizo”. Expuesto lo anterior, una ideología relativista, pragmatista o individualista no puede ofrecer ninguna orientación al hombre pues responde según circunstancias individuales, estimaciones, estados de ánimo, contingencias, posibilidades, puntos de vista, o sea no se tiene claro donde se debe ir.

Si es que el relativismo como ideología quisiera ser consecuente debería aceptar todo, absolutamente todo y sin quejas. Cuando la ideología relativista dice “depende”, o “según con el cristal con que se mire”, “depende del punto de vista del cual se vea”, lo que quiere decir en el fondo es: “no tengo idea de nada”, “sobre la marcha arreglaré la carga”, “tengo una respuesta distinta para cada circunstancia”, “no tengo una conducta moral definida”, o “puedo cambiar de opinión tantas veces como circunstancias se me presenten”.

Finalmente las actitudes de un relativista podríamos resumirlas de la siguiente manera: “Puedo actuar como se me plazca ya que no hay nada malo o bueno en sí mismo con independencia de mi propia conciencia, será bueno lo que yo crea bueno y malo lo que yo crea malo, pues no existe una verdad un bien que orienten mi conducta”. Para decirlo de un modo divertido los relativistas no pueden hablar entre ellos ni del clima.

Ahora en serio. Cuando estas ideologías se introducen en el común del pensar humano y las actitudes de estos, se pierde el sentido la exigencia, la bondad, la caridad, la fe, pues tiene valor solamente para la conciencia individual que las ejecuta y ya no tiene su valor en sí. ¿Para qué exigirles a nuestros hijos que hagan el bien si toda da lo mismo? Ahora peor. Cuando estas ideologías llegan a la política, nuestro gobernantes nos guiarán por los caminos inciertos de las convenciones, los acuerdos, las estimaciones y de lo opinable, pues cada uno estimará lo bueno y lo justo según le parezca y no orientándose hacia un bien común, bondadoso en sí mismo.

Ojo, la filosofía es un saber a atenerse frente al mundo y no un puñado de estimaciones subjetivas. Ojo, el que quiera la pura utilidad que se compre una llave inglesa.

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