
Me recuerdo de la farmacia de mi pueblo: pequeña e impregnada de ese olor desagradable de los medicamentos; allí no había cajeros automáticos y era la única que tenía ese nombre. No había grandes cadenas farmacéuticas. El dependiente o el farmacéutico, que era siempre el dueño, te recetaba remedios para el dolor de muelas y para la pena. No le temía a los productos homeopáticos.
El otro día me fui al supermercado. Tomé una canasta roja y comencé a caminar mirando todo y sin echarle nada. Me recordé de Diógenes: “Cuantas cosas hay en este mercado que no necesito”. Pensé que tal vez en eso consta la felicidad, pero los martillazos schopenahuerianos son implacables.
La buscaba entre los pasillos pero no la vi.
Esperaba no encontrarla.
Solo quería buscarla para matar mi esperanza.
Y así sucesivamente.
Al día siguiente fui a otro supermercado, más grande, una cadena nacional, donde los precios parece que son más bajos; eso me motivó a creer que por el obvio deseo de ahorrar, tal vez haría sus compras allí. En lugar de verla, vi a otras, tan hermosas como ella y esa sensación de indiferencia, de invisibilidad, me hacía sentir observado en la fiambrería.
No la he visto ni ayer ni hoy
La busque entre los pasillos, y miraba los autos en la calle, por si iba en uno de ellos
La seguía buscando con el único afán de no encontrarla y así, matar mi esperanza
Y así sucesivamente. Entraba en las grandes tiendas y me sentía observado, aunque por dentro me invadía una reconfortante sensación de invisibilidad, de indiferencia, de liviandad, de un sentimiento profundo que me daba la certeza que nada en realidad es importante.
Paraba delante de las bicicletas, de las camisas y las corbatas, de las botellas de whisky a mitad de precio y pensaba: ¿Qué es lo importante?, ¿Qué importa la pobreza si hay bicicletas rebajadas en un 40%?, ¿De qué vale una reflexión acerca de la nostalgia y del dolor, aquí donde todo esta bien?, ¿Qué importaban las ocupaciones a países fundamentalistas por neo-imperios, si acá el Jack Daniel’s está más barato que en todos los lugares de la ciudad?, ¿Qué importan los muertos en atentados terroristas, si acá en este pueblo, que está lejos de todo, cualquiera puede ser mi amigo?
¿Entonces, qué es lo importante?
Caminé un par de pasos y vi unos cds y libros.
Tomé uno de Benedetti, un libro acerca de haikus, y cómo él, había escrito doscientos. Me pareció notable; yo ni sabía como se escribía “haiku”, ni en que consistían. 5-7-5 su rígida estructura, advertía Mario.Dejé el texto a un lado y tomé una “Antología de la poesía chilena contemporánea” que estaba muy incompleta y mal acabada. Allí estaba Alcalde, no lo leía hace tiempo. Me alegré con esa alegría de coterráneo de leerlo ahí.
Me acordé de la vergüenza que sentí cuando unos amigos encontraron su tumba en el cementerio de Tomé, luego que yo les había dicho que estaba enterrado en Punta Arenas.
No la he tratado de buscar tampoco
Ahora no me interesa leer mucho su poesía
No me interesa tener una opinión acabada de su obra
No me interesa tener una opinión acabada de nadie (ni siquiera de la mía)
No me interesa ir a reuniones poéticas en su honor (excepto de la mía)
No me interesa participar de un taller literario
No me interesa leer poemas largos
No me interesa leer poemas de aficionados
No me interesa hacer una reflexión acerca de nuestro país y la relación con la poesía y la lectura
No me interesa seguir escribiendo poesía, pues creo que es inútil
No me interesa llenar un abismo irreconciliable entre el hombre y el mundo
No me interesa llenar este abismo que hay entre el hombre y el mundo con poesía, con creación, con puentes, con Filosofía. Es inútil.
La poesía es tan inútil que Platón propone echar a los poetas de su polis óptima y justa. Pero hay una voz que me dice: “Si hay un abismo entre el hombre y Dios, este se anula cuando el hombre se convierte en poeta, pues crea un mundo a través de la intuición a partir de la “nada-dada o del todo-dado”.
Luego en un muro de una Notaría leí: “Hay un vacío entre el hombre y el mundo, que el poeta pretende llenarlo con poesía, pretende crear un puente personal para llegar al mundo. Pretende crear otro mundo para llegar al mundo que se le ha dado.
Y me pregunto: ¿Para qué?
Mientras miraba unas botellas de vino, intuí un par de versos. Se fueron en silencio y ya no los recuerdo. Tal vez todos esos versos van a dar al sobre sellado que tengo para enviar a aquel concurso de poesía, y cuando el jurado abra el trabajo, colgarán de las páginas como alfileres pegados a un imán por la kbza.
Cuando llegué el lunes al colegio pasé a la oficina a firmar, para dejar constancia que ya había llegado. Comencé a avanzar por los pasillos, subí las escaleras y tomé el libro de clases. Allí estaban todos esos profesores todas esas sabidurías enfrascadas, todos aquellos personajes, todas esas ciencias encarceladas en cuerpos, en brazos, piernas, pieles, cabezas calvas, canas, en piel. Saludé a algunos de mis colegas y me dispuse a ir a la sala de clases. Eran las 8:40, o sea, ya estaba atrasado. La busqué entre las chicas de su curso. Pasé por fuera de su sala de clases, fingí saludar a algunos estudiantes sin siquiera mirarlos a los ojos, mis ojos estaban en el grupo de chicas que ella siempre frecuentaba. No la vi.Me fui a clases pensando en que la esperanza iba muriendo poco a poco y yo con ella, mi voluntad con ella.
Por el pasillo me acordaba de Sartre diciendo que la esperanza es una ilusión, que no es real, que no se puede vivir esperando, pues el presente se pierde. Aunque el presente siempre es, es el pasado el que no vuelve, el que ya no existe, y el futuro es el que aún no es, creo yo.Al toque del timbre para salir al recreo, subí al tercer piso para ver todo el patio desde allí y tener una vista panorámica. No estaba. Ya se acababa el tiempo.
Sí, tal vez estaba bien.
¿Quién podría decirlo?
¿Te parece bien?
Tienes razón.Me despedí de ella y se rió y no pareció importarle demasiado. Cerramos el círculo con frases como:
“Nada es para siempre”
“Siempre supimos que esto no nos llevaría a nada”
“No vale la pena seguir hablando de esto”…
… “Te quiero”.
Nada era tan poco reconfortante.
Era un olvido que no parecía desvelarla, quizá ese era su secreto para ser feliz, y evitar la locura que tanto deseaba. Miré mi café y el vaso estaba vacío. Tenía un sabor a plástico. Sonreí y miré el sol, la ventana cubría mi frente.Era lunes. Quedaba hasta el viernes. Miré de nuevo mi vaso de café y la sorpresa fue que aún estaba vacío. Lo rompí tratando de explicar que no quería hablarle más. No quería una cuenta regresiva, depresiva, una estúpida cuenta imaginaria, de un espacio imaginario, de tiempo por venir, por lo tanto que no existe, por lo tanto imaginario.
¿Qué se yo?No la he visto ni ayer ni hoy, ni la veré durante al menos tres meses, creo yo.
(Recordé mi niñez. Todo el verano era un sufrimiento, porque eran dos meses y medio en los que no veía a la niña que me gustaba. Tenía siete u ocho años y no sabía donde vivía, ni como encontrarla, era una empresa demasiado difícil para mí. Le pedía a mis padres que me llevaran a comprar al supermercado que quedaba cerca de su casa, pero no la veía. Les pedía a mis padres que me llevaran a un parque cerca de su casa o al carnaval de la semana de mi pueblo, que se hacía en el verano. Pero no la encontré. Solo quedaba imaginar. Solo esperaba a que se rompiera mi esperanza)La busque entre los pasillos, y miraba los autos en la calle, por si iba en uno de ellos, la miré desde el tercer piso en el patio. La seguía buscando con el único afán de matar mi esperanza. (El problema de la muerte es que puede ser el comienzo de algo peor)
Obviamente era un olvido que no le quitaba el sueño.
Y así sucesivamente.
El martes, que coincidía con el fin de mes, cobré mi cheque y me fui a una tienda a comprar libros. Compré “El lobo estepario”de Hesse y le escribí un poema en la primera página.Quedaban tres días
El tiempo se acababa
Siempre su llegada es inexorable
La intuyo y me entrego a ella como el agotado al sueño
Ahí viene como siempre…
Me inunda sin más…
La gran nostalgia
Y así sucesivamente.
Benedicto Vidal Ruiz






![nietzsche[1].jpg nietzsche[1].jpg](http://bligoo.com/media/users/0/47056/images/nietzsche[1].jpg)

SANTO TOMÁS DE AQUINO





















![naranja_mecanica[1][1].jpg naranja_mecanica[1][1].jpg](http://bligoo.com/media/users/0/47056/images/naranja_mecanica%5B1%5D%5B1%5D.jpg)



y tambien me lleva atrás en el tiempo... a las boticas de pueblo donde compraba los antibioticos a cucharaditas... creo que fue en Cioterea... ya no tomo antibioticos.. pero sigo esperando a esa diosa
nihil est intellectu quod prius non fuerit in sensu... Ari